Una reflexión en torno al terremoto

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En pleno sismo de aquella madrugada del 27 de febrero, en Chillán, Chile, como familia la primera preocupación fue nuestro hijo mayor que había viajado a la localidad costera de Buchupureo, muy cerca del epicentro. Después de algunas horas recibimos noticias de él, estaba bien y nos relató que en la emergencia de la madrugada había decidido trasladar en su vehículo y en varios viajes gente hacia los cerros por la amenaza de tsunami; su gesto me obligó a poner los acontecimientos que estaban ocurriendo en su justa dimensión, comprender que los daños menores que nosotros habíamos experimentado no guardaban ninguna relación con la verdadera tragedia en las ciudades y localidades costeras, que junto con el terremoto debieron sufrir un devastador tsunami. De allí en adelante la incomodidad por no hacer algo concreto por estos lugares fue en aumento, y con alegría me di cuenta que otras personas sentían esa preocupación y querían materializarla. Así fue como surgieron las primeras iniciativas de ayuda por parte de particulares con apoyo de algunas instituciones.

Es grato comprobar que en un contexto de tragedia natural, a la que se agregó una tragedia social, existen personas e instituciones con un sentido de solidaridad y que están dispuestas a colaborar de la forma que sea necesaria y de acuerdo a sus posibilidades, cumpliendo con la solicitud de Jesús: “Porque tuve hambre, y me distes de comer; tuve sed, y me distes de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo , y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a mí.”  (Mateo 25:35 y 36)

La Turba.org quiere aproximarse lo más posible a esta clara indicación del Maestro y ser un canal de ayuda para aquellos que más lo necesitan.

 

Alberto Villegas Pedreros