HISTORIA DEL NOMBRE LA TURBA

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La madrugada del 03 de marzo del 2010 quedara en el recuerdo de la historia de Chillán como la noche en la cual la psicosis del miedo e inseguridad recorrió toda la ciudad en cosa de minutos.

La noticia de que una Turba armada avanzaba por las calles saqueando y destruyendo se disperso como una contagiosa peste infectando con pánico, angustia y desesperación a toda la población que aún no lograba recuperarse del terremoto que solo tres días antes había devastado a todo el centro sur del país.

Las imágenes de una Turba de personas corriendo y robando llenaron las primeras planas de los mas importantes diarios del mundo e inundaron los despachos internacionales de cada cadena noticiosa.  Fue como si el fuerte sismo hubiera abierto las celdas del más bajo sentir del ser humano dejando en libertad la maldad, la codicia y la crueldad.

En medio de este escenario, al termino de aquella angustiante madrugada, mientras mi cuerpo y mente buscaba un espacio de descanso y paz, fui sorprendido por la visita en casa de mi buen amigo Víctor, quien llego con la urgencia de aquel que carga con la responsabilidad de llevar un mensaje que tiene la fuerza de cambiar el curso de las cosas.  Sus palabras aún están frescas en mi cabeza, palabras que entraron por mis oídos y se asentaron en mi corazón. ¡Levántate, ya basta, hay gente que nos necesita, vamos!. Estas nueve palabras, entregadas en tan solo cuatro segundos provocaron el verdadero terremoto en mi vida.  Mi interior fue remecido con violencia, los sentidos fueron despertados, las prioridades puestas en orden; de la pasividad a la acción, de la angustia a la alegría y de la desesperanza a la esperanza.

Los minutos que siguieron fueron para esbozar un pequeño plan de acción, no había tiempo que perder, había que actuar y la importancia de la urgencia lo ameritaba.  Junto a mi esposa Lisbeth, Víctor y mi gran amigo Alberto, nos volcamos a la calle dispuestos a construir y ayudar.  No tardo mucho para que otros fueran contagiados e integrados a esta tarea; personas de corazón sensible, dedicadas, llenas de amor hacia los demás comenzaron a unirse, dedicando tiempo, talentos, conocimientos y recursos.  Llego la noche después de un largo y cansador día, nuestros ojos brillaban de esperanza, el rostro pintado con una sonrisa, el corazón latió con fuerza, pues al momento de contarnos ya no éramos solo cuatro personas, nos habíamos transformado  en una TURBA.

Creo que ha llegado el momento de producir cambios, tiempo de emprender acciones concretas que nos permitan transformar la circunstancias adversas en oportunidades de crecimiento  en la cuales primen los valores y principios que hacen del hombre un ser humano capaz de mirar a su prójimo como su igual, como un hermano quien es digno de amar, abrazar y ayudar.

Somos LA TURBA y estamos avanzando, para aportar, construir y ayudar.

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